jueves, 12 de enero de 2012

Agujas y saetas

En uno u otro momento, más de uno deambula por una etapa en la cual parece que vive en un Déjà vu constante. Si se da la casualidad de que no es por un trastorno mental grave, quizás la mejor opción sea reconducir ese presumible tedio a una sensación de bienestar.
Hace poco llegó a mis oídos que sólo se es feliz cuando se alcanza un objetivo. Ese es un gran riesgo, mejor será aprovechar las aspiraciones potenciales.
El sol salió y más tarde se fue. Mientras tanto un tranquilo asperger no encontró motivos para dejar de exprimir el día, con una sonrisa de efecto secundario.
Gracias a la lógica que impera por aquí, mañana será un día ya vivido.
Y qué calma da eso.

lunes, 9 de enero de 2012

Sinónimo de ofender

Una vez más hay que desmontar un mito. Decían los poetas y los futuros diabéticos emocionales que el amor movía montañas. Mover mover, si mueve algo es crédito, de un lado a otro, y miradas, eso sí que mueve, pero la metáfora montañesa parece que queda ahora muy lejana.
Si el amor moviese montañas, el odio movería países enteros, y la venganza, continentes.
Saber gestionar el odio hace que la autosuperación se concrete en forma de éxitos, si consigues pasar la barrera que el miedo traza entre el fracaso y la excelencia.
El amor duerme, esconde, engaña, enmascara la negatividad de la que un ser objetivo no puede negar la existencia.
Si lo entiendes, las cosas son como son, si no las entiendes, las cosas siguen siendo como son.
La motivación y los objetivos a alcanzar marcan nuestra ruta sin retorno. En ello se basa el día a día, y ello será lo que nos defina, no tanto para el resto, si no para uno mismo.
Morfeo baja las persianas que las emociones a priori negativas se encargan de subir.
Qué sería del éxito sin una previa derrota, qué sería del descanso sin el cansancio, y el gozo del aburrimiento.
Que la montaña no te deje ver el continente.

domingo, 1 de enero de 2012

He venido a decirte que...

Se cierra el círculo, se abre uno nuevo. De eso se trata al fin y al cabo, de circular y crear círculos. Escribir no cambia nada, sólo lo envuelve en una fina manta de seda, o en un áspero trozo de tela vieja.
El simbolismo a veces engaña y distorsiona, pero otras adorna un paisaje poco atractivo para ayudarnos a no dar la vuelta. Vueltas o círculos, somos dueños del movimiento.
Aquel que nada hace, nada cambia, estático queda. El eterno retorno circular no tendría sentido sin cambios. No importa volver al punto de partida, eso es lo bonito, recordarlo e imaginar todo lo que hemos recorrido.
Sea o no sea este el último de los círculos, no podremos decir que nos hemos cansado. Cada mañana ha sido un genuino trazo que un bostezo ha dado por terminado.
En un par de vueltas todo habrá cambiado, hasta que todo vuelva a su inicio. En ese inicio ya vivido, búscame. Estoy seguro de que tendré muchas cosas que contarte.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Fría es castilla, marinero

Y qué difícil es reconocer cuando te equivocas. Y más difícil aún cuando has puesto algo más que tus ganas en ello, cuando has jugado socráticamente a hundir a quien tenía razón.
Va a ser cierto eso de que hay palabras con las que uno no puede jugar hasta que las siente. Palabras, traducciones, sinónimos. Pequeños matices que niegan el significado del sinónimo, como mucho similar.
El vocablo causante de más de un nudo, de más de un gesto de duda y asombro, resultó ser la morriña.
La explicación científica que quede escondida en un cajón, pues no va a servir. Es en la distancia donde todo cambia, o donde todo se multiplica. En un estado de progresión exponencial de nostalgia, las agujas comenzaron a mostrar su lugar.
Este es el lugar de las agujas, que no el mío. Este es un sitio lejano, frío, hiriente. Cuna de poéticos reconquistadores, de algún molino a lo lejos y de caballerías. Esto puede ser muchas cosas, tener muchos adjetivos y muchos sinónimos, pero no hay otra palabra que defina lo que un forastero experimenta aquí que esta: Morriña.


Que volverá la brisa húmeda y salada, y con ella yo me iré.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Setenta y dos divanes.

Hablaba de monedas, de azar y de su capricho. Somos pocos lo que pecamos de reflexivos. Pecamos de improbables. Respiramos en el cuento de lo simple, que no sencillo, y dicen que los comunes no acostumbran a tumbarse en el diván de la crítica.
No siempre hay una bella moraleja con la que diluir la fatalidad de nuestros actos; de los aciertos, ni hablamos.
Sin moralejas, princesas ni dragones, y aún así, seguimos invirtiendo nuestro tiempo en el a veces catártico, a veces doloroso diván.
Con preguntas creo huecos, que con respuestas lleno. El cielo está para observarlo, no para interpretarlo.
Sólo el cielo y la lluvia son dogmas. Los miro, los siento, pero no los cuestiono.
Somos improbables, empapados y cuestionados. Un objetivo, mil caminos y mil enlaces. Somos lo que queremos ser, lo que nos dejan mostrar, somos únicos y somos más de uno.
Somos cantos de una moneda, música del azar que se volverán a cruzar.

domingo, 25 de diciembre de 2011

And nothing else matters

Poco importa tu pena si mañana sonríes. Poco importa el detalle si al poco te olvidas. Realmente, poco importa lo que no recuerdas mientras fumas, mientras duermes, o cuando despiertas.
Piensa, juzga, omite, miente. Elige verbos, el mío es ignorar.
Si las palabras son música y la música placer, es importante conservarlas.
Si levantarse es un regalo, y acostarse una necesidad, es importante recordarlo.
Escoria vive del pasado, joya, del presente. Hagamos un colgante de presentes.
Olvidar el momento recordando infancias que recuperar en un futuro. Necedad propia de un necio, propiedad del necio y recurso del triste. Recurso del triste que engalana su penuria con euforias de cartón piedra.
Si hundí el barco en el lago, si acepté el consuelo del ciego, si construí castillos de ceniza, una vez más, poco importa.

sábado, 24 de diciembre de 2011

La lechuza y la rama

Un suspiro meditado, agasajado por la conciencia tranquila. La respuesta correcta a una pregunta mal formulada. Entre vaivenes, nieblas, y algún que otro tren, descansa la finita perfección mortal.
La fugacidad más persistente, poseedora de mi más ansiado gesto, inspira y crea entre los rostros algo similar a una emoción.
Ladrona del semblante, malabarista de emociones. Divina comedia de guión imprevisible.
Esa era, a veces es, y quién sabe si será.
Ni se crea ni se destruye, sólo se esconde. A veces más, a veces menos.
Se presume que está, como presume de su signo.
Vuela.