martes, 8 de enero de 2013

Sólo media luna

Cuando el cetro de Atenea calló bajo la frágil posesión del derrotado, se hizo la luz en todo el imperio. Imperio fértil en historias, en vidas y en futuros. Fue la vida quien hizo su entrada triunfal, apagando los fuegos de la rabia, ahogando el humo del vacío. Alzó su mano en busca de la fuerza que le había permitido luchar por su destino, dejando atrás las cadenas de la circunstancia, el devenir poético que le había hecho perder la fe en más de una ocasión.
El justo descanso del guerrero no podía llegar hasta desprenderse de la carga del deber. La carga de enseñar el camino a los más pequeños. Otorgarle la clave del Sol a aquellos que tendrían que derramar anhelos por ella. 
Escondan luz donde quieran, guárdenla donde puedan y aún así no será bastante. Conserven luz, hijos de la tierra, pues allá donde los días no vienen a caballo del sol, las noches no cesan en su lúgubre cometido.
Siempre que se habla de batallas se obvia la más importante, que no es más que la siguiente.
Cinco líneas para conservar la clave del Sol, cinco líneas para proteger la luz. Sosteniendo Atlas el devenir, sin que nadie se percate.

lunes, 7 de enero de 2013

Syntax error

Hasta las creaciones más divergentes comparten  menudeces. Cierto psicópata con una chaqueta y varios crímenes a su espalda gustaba de escuchar buena música en un bar elitista del centro. Una pobre contradicción. Amigo de un cínico hipocondríaco, el cual fumaba casi tanto como el miedo que le daban los aviones. Los dos acostumbraban a charlar sobre todo aquello que careciese de importancia. Las cosas importantes vienen en papel reciclado y ellos ante todo eran élite inservible. Bueno, no del todo inservible, en los bares casi cualquier cosa podía acabar en su mesa. Digamos que apuntaban en una libreta las veces que le robaban caramelos a los infantes y luego comparaban lágrimas.
Cierto día, en mitad de su andanada política, dieron alas al drama y segaron casi tantas vidas con un par de armas que con los cientos de palabras a la nuca que ya habían dejado escapar.
A partir de cierta edad no resulta tan divertido ver brotar el rojo elemento, tan caduco como inerte. Vampiros del arte más antigua y sin caer en terreno de rameras, allí los tienes comparando gotones.
Dele un café al asesino, que se duerme.

martes, 1 de enero de 2013

Before i forget

Antes de que me olvide, permítame decirle que ojalá no la hubiera conocido. Permítame decirle también, ya que la noto con ganas, que su hogar es ruina de facto y además de ciego hay que padecer de un desinterés enfermizo para no percatarse de ello. Uno hasta se olvida de lo sencillo que puede resultar respirar cuando está a mares y algún vuelo de mi.
No es mi humilde persona poseedora de mucho bien, si bien a malas soy bueno. Tampoco poseo muchas verdades ni perennes perfecciones;  y aún así mi hemisferio vanidoso se cree poseedor de la más absoluta razón cuando excreta descripciones de su tan señorial escoria.
Su excelentísimo pedazo de basura en tierra permítame y ahora por placer, ya que veo del todo improbable que consiga olvidarlo, decirle que me repugna la sola idea de volver a soportar la mirada en tan sucio paraje.
Ahora que me percato, creo que me he dejado las palabras decorosas en el otro pantalón, y en este justo instante sólo ansío ver en llamas lo que en mi tierra se llama ceniza, lo que en la suya se llama cultura.
Si le apetece, dama del averno, podemos discutir sobre ello, pero con tierras de por medio; con historias, tiempos, descansos, vidas, muertes, lágrimas y sobre todo naciones por medio. Por arriba, abajo, acción u omisión.
Estoy seguro de que me he olvidado de algo.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Humo y hielo

Hasta que arda la sangre. Hasta que empapen los cambios la constancia de una vida plena. Que prendan las ideas que cobijo encontraron en tan inusitada ciudadela. La cuenta atrás se ha quedado sin dígitos, sin ganas. Hacia delante vuela el destino, incapaz de retroceder pese a tener a mil demonios de su lado.
Lejos, muy lejos, allá donde no hay donde, allí donde ni la luz da los buenos días, en la frontera entre ningún lado y el final.
Quienes al ver el humo, sintieron el fuego, no han contado como debieran. Cuando al ver humo sientas calor, sientas cobijo, entonces  viejo amigo, habrás llegado a ningún donde, en donde no hay nombre para el descanso. Allá donde no hay donde para el fracaso.

domingo, 16 de diciembre de 2012

A Santiago

Siento haber estado en donde estuve, el tiempo que estuve. Gracias por no haberte movido ni medio palmo.
Siento que la espera haya sido larga y el saludo tan corto. Gracias por haberme recibido entre lágrimas.
Siento no haber podido gritar hasta escucharme, que ni la tecnología me haya dejado hacerte ver lo que yo veía. Gracias por haber cuidado de mi padre.
Siento haber perdido las palabras correctas, las chispas adecuadas, las llamas y cenizas que acompañan tu viaje. Gracias por haberme guardado la sonrisa.
Que la intuición y la empatía no son nada en comparación con todo aquello que algún día podré mostrar.
Siento haber llorado mares y que sean justamente insuficientes. Siento que los meses pasen de tres en tres, pero ante todo, gracias por devolverme aquel aliento que dejé escondido detrás del árbol torcido.

"Que casas hay muchas y hogares bien pocos
que males asustan y bienes dan logros
sin tiempo ni lucha el premio no es oro
mi vida tiene un sitio y ese sitio no es el globo"

lunes, 3 de diciembre de 2012

La lengua de las libélulas.


La luz me ha dicho que lo primero fue la palabra. De ahí vino la relación, el éxito y el duelo. Un par de pasos después fueron entrando en escena variaciones de todo aquello que en principio era original.
Formado el todo y abandonada la nada, las palabras, hartas del torticero trato que sus poseedores les daban, decidieron revelarse. Revelar su verdadera intención, no hubo gritos ni reproches, sólo el certero disparo que nadie esperaba ni querría esperar.
Una mañana inesperada la justicia se vendió al azar, producto del desorden que adornaba sus vivencias. Placer, amor y confianza se autoproclamaron inalcanzables, pero difuminaron su divinidad en otros vocablos en escala de grises. Sexo, complicidad y rutina se hicieron objetivo del hombre medio, falsa sonrisa que torna fruncida al dar un abrazo.
De estos cambios nadie se hizo responsable, y la culpabilidad ahora era otra palabra ajena a todas aquellas que debían rodearle.
La vida quedó minimizada a una palabra y la muerte, en miles. Entonces, en un mundo de ventrílocuos de emociones, el gesto volvió a coger el cetro.
Por desgracia para aquellos que no podían ver, cetro sólo era una palabra y vida también. Por desgracia siempre hubo y habrá más palabras aliadas a las escalas de grises que a todo lo demás.
Aquí es donde entras tú, y donde salgo yo. Esta es mi palabra.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Bon appetit


Todo comenzó cuando el concepto cruzó la barrera de lo plasmado en un tapiz, en el momento que aquellos juicios rasgados tuvieron a bien darle alas a las letras y pies al marco.
No es precisamente el más preciado artículo del museo, lo improbable tiende a la transparencia cuando se trata de analizar el fondo de una cuestión que las palabras escondieron en un enrevesado arabesco. Y dice bien el crítico cuando no dice, y no así cuando pronuncia aquella idea premeditada, presente pretéritamente, antes de ver siquiera como del marco brotaban extremidades.
La venia del crítico se asemeja al saludo del hombre de la guadaña, a la impía condena de irrefutable condición.
Aplauden las moscas entre el hedor que desprenden aquellas obras tan ramplonas como pasajeras, tan simples como mortecinas, de condena aún peor que el saludo de la muerte misma, que ya envió un correo certificado a las musas del mediocre creador.
No se confundan, que no todo es gris. A veces el mejor museo no tiene nada similar a un edificio que lo contenga.
A veces, sólo a veces, uno posee su propia colección de musas y arabescos en el bolsillo pequeño del pijama. Y quién dice pijama dice conciencia.