sábado, 22 de diciembre de 2012

Humo y hielo

Hasta que arda la sangre. Hasta que empapen los cambios la constancia de una vida plena. Que prendan las ideas que cobijo encontraron en tan inusitada ciudadela. La cuenta atrás se ha quedado sin dígitos, sin ganas. Hacia delante vuela el destino, incapaz de retroceder pese a tener a mil demonios de su lado.
Lejos, muy lejos, allá donde no hay donde, allí donde ni la luz da los buenos días, en la frontera entre ningún lado y el final.
Quienes al ver el humo, sintieron el fuego, no han contado como debieran. Cuando al ver humo sientas calor, sientas cobijo, entonces  viejo amigo, habrás llegado a ningún donde, en donde no hay nombre para el descanso. Allá donde no hay donde para el fracaso.

domingo, 16 de diciembre de 2012

A Santiago

Siento haber estado en donde estuve, el tiempo que estuve. Gracias por no haberte movido ni medio palmo.
Siento que la espera haya sido larga y el saludo tan corto. Gracias por haberme recibido entre lágrimas.
Siento no haber podido gritar hasta escucharme, que ni la tecnología me haya dejado hacerte ver lo que yo veía. Gracias por haber cuidado de mi padre.
Siento haber perdido las palabras correctas, las chispas adecuadas, las llamas y cenizas que acompañan tu viaje. Gracias por haberme guardado la sonrisa.
Que la intuición y la empatía no son nada en comparación con todo aquello que algún día podré mostrar.
Siento haber llorado mares y que sean justamente insuficientes. Siento que los meses pasen de tres en tres, pero ante todo, gracias por devolverme aquel aliento que dejé escondido detrás del árbol torcido.

"Que casas hay muchas y hogares bien pocos
que males asustan y bienes dan logros
sin tiempo ni lucha el premio no es oro
mi vida tiene un sitio y ese sitio no es el globo"

lunes, 3 de diciembre de 2012

La lengua de las libélulas.


La luz me ha dicho que lo primero fue la palabra. De ahí vino la relación, el éxito y el duelo. Un par de pasos después fueron entrando en escena variaciones de todo aquello que en principio era original.
Formado el todo y abandonada la nada, las palabras, hartas del torticero trato que sus poseedores les daban, decidieron revelarse. Revelar su verdadera intención, no hubo gritos ni reproches, sólo el certero disparo que nadie esperaba ni querría esperar.
Una mañana inesperada la justicia se vendió al azar, producto del desorden que adornaba sus vivencias. Placer, amor y confianza se autoproclamaron inalcanzables, pero difuminaron su divinidad en otros vocablos en escala de grises. Sexo, complicidad y rutina se hicieron objetivo del hombre medio, falsa sonrisa que torna fruncida al dar un abrazo.
De estos cambios nadie se hizo responsable, y la culpabilidad ahora era otra palabra ajena a todas aquellas que debían rodearle.
La vida quedó minimizada a una palabra y la muerte, en miles. Entonces, en un mundo de ventrílocuos de emociones, el gesto volvió a coger el cetro.
Por desgracia para aquellos que no podían ver, cetro sólo era una palabra y vida también. Por desgracia siempre hubo y habrá más palabras aliadas a las escalas de grises que a todo lo demás.
Aquí es donde entras tú, y donde salgo yo. Esta es mi palabra.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Bon appetit


Todo comenzó cuando el concepto cruzó la barrera de lo plasmado en un tapiz, en el momento que aquellos juicios rasgados tuvieron a bien darle alas a las letras y pies al marco.
No es precisamente el más preciado artículo del museo, lo improbable tiende a la transparencia cuando se trata de analizar el fondo de una cuestión que las palabras escondieron en un enrevesado arabesco. Y dice bien el crítico cuando no dice, y no así cuando pronuncia aquella idea premeditada, presente pretéritamente, antes de ver siquiera como del marco brotaban extremidades.
La venia del crítico se asemeja al saludo del hombre de la guadaña, a la impía condena de irrefutable condición.
Aplauden las moscas entre el hedor que desprenden aquellas obras tan ramplonas como pasajeras, tan simples como mortecinas, de condena aún peor que el saludo de la muerte misma, que ya envió un correo certificado a las musas del mediocre creador.
No se confundan, que no todo es gris. A veces el mejor museo no tiene nada similar a un edificio que lo contenga.
A veces, sólo a veces, uno posee su propia colección de musas y arabescos en el bolsillo pequeño del pijama. Y quién dice pijama dice conciencia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Al compass del ciego

Alcanza la constancia aquellos parajes que nadie se atrevió a mirar. Desajustes volitivos de económico diagnóstico, situaciones tasadas que se adhieren a una realidad perniciosa para aquellas mentes cabales que perdieron el Norte en el frío Este. En este frío Norte donde el Sur es una idea anticuada.
Y ese fue el mayor acto de vanidad, o de inconsciencia. Dejar de brújula un reloj y el tiempo volando tras bandadas de nómadas viajantes.
Si la profundidad es cosa de mares y poetas, navegaré en superficiales aguas plagadas de horas impares, donde ni queriendo se puede interceder entre mi balsa y mi calma.
No es cuestión de ser o no ser, es quizás una duda pintada con un color sencillo. Esas grandes y costosas escalas cromáticas son también propiedad de mares y poetas.
A complicadas preguntas, simples respuestas.
Estoy en casa.

Cree el artista que todo es bello, el cínico que todo es gris
el creyente que todo existe, y el empático que todos sienten
el optimista que todo es “si”, y un actor que todos mienten.

martes, 13 de noviembre de 2012

El juego de la tesis cambiante

Sean bienvenidos al verdadero juego de rol, al único e inigualable desafío de su vida. Les damos la bienvenida y sólo la bienvenida, ya que a partir de ahora el "porvenir" y el "sobrevenir" será única y exclusivamente producto de su voluntad. De ignorantes anexionados a inconscientes, se ha labrado la profunda historia de aquellas derrotas maquilladas con el color del más bello triunfo. De todas aquellas acciones camufladas bajo tintes torticeros han generado los impasibles pensadores conglomerados de escoria intelectual, el deshecho favorito de la conciencia humana.
Sea inyectada la única verdad en aquellas gastadas venas, que no hacen más que facilitar el flujo de un sinfín de errores que ansían ser corregidos.
Deme su tesis, démela, préstemela, que si puedo y creo poder, será negada. Présteme sus errores favoritos que algo podré sacar de ellos. Regáleme la victoria sin maquillaje que ningún atrezzo informativo puede desmerecer.
El creador de tan caduco juego se divierte con los dados. Le han regalado demasiadas probabilidades para que un principiante de tan bajo mérito pueda siquiera entender en qué casilla está.
Lets Play.

martes, 11 de septiembre de 2012

Detrás del árbol torcido


Cuando era pequeño tenía una curiosa costumbre. En aquellas tardes que pasaba en mitad del campo, o incluso en los parques, buscaba algo de valor en el suelo y lo escondía para cuando volviese. Ser tan joven hacía que nunca supiese con claridad cuándo volvería a ese mismo sitio, no tenía horarios ni planes.
Cuando volvía a casa pensaba en aquello que había dejado en mitad de un paisaje sin dueño, pero reconozco que al día siguiente ya no le dedicaba demasiada atención. Igualmente sabía que allí estaba. A veces, cuando llevaba días y días sin ir, recordaba que mientras yo hacía un montón de cosas en otro lugar, aquello que había escondido seguía probablemente en el mismo recoveco, pese a que el temor a que hubiese desaparecido permanecía subyacente.
En la distancia no había nada seguro, no sabía si había llovido, si el calor había secado la zona o el frío cubierto de escarcha. Saber no sabía nada con seguridad, pero tenía la ciega confianza de que volvería a verlo tal y como lo había dejado, que era posible que alrededor hubiera nuevas plantas, pero mi preciado presente allí estaría, casi esperándome. 
Esa vieja costumbre me ha enseñado mucho sobre los cambios y más aún sobre las despedidas.
A día de hoy desconozco si lloverá sobre esa parte de mí , que escondida o no, espera a mi regreso.